jueves, 4 de octubre de 2007
Mirando el mar
Hace poco he leído sobre una teoría alternativa sobre la evolución de los homínidos.
La teoría aceptada convencionalmente nos dice que los homínidos antepasados del hombre evolucionaron en las sabanas africanas.
Sin embargo a mediados del siglo pasado apareció una nueva teoría que sugería que los homínidos evolucionaron durante un cierto tiempo en la costa africana antes de volver tierra adentro. Esta hipótesis se conoce como Hipótesis del simio acuático.
Esto se basa en los siguientes argumentos:
Puede que cuando lo contemplamos sólo estemos recordando.
La teoría aceptada convencionalmente nos dice que los homínidos antepasados del hombre evolucionaron en las sabanas africanas.
Sin embargo a mediados del siglo pasado apareció una nueva teoría que sugería que los homínidos evolucionaron durante un cierto tiempo en la costa africana antes de volver tierra adentro. Esta hipótesis se conoce como Hipótesis del simio acuático.
Esto se basa en los siguientes argumentos:
- Ausencia de pelo: Los mamíferos acuáticos o semiacuáticos y los subterráneos son los únicos que carecen de pelo.
- Bipedismo: El andar sobre dos piernas es útil en aguas superficiales, ya que así la cabeza asoma sobre el agua y no hace falta nadar.
- Respiración: Los humanos son los únicos mamíferos terrestres que controlan conscientemente la respiración.
- Grasa: Los humanos tienen 10 veces más grasa corporal que el resto de los mamíferos terrestres. La grasa es muy útil para conservar el calor del cuerpo y es para eso para lo que la utilizan los mamíferos marinos.
- Capa de piel entre el dedo pulgar e índice: Esta capa de piel es inútil en tierra, pero en el agua ayuda a la natación.
Puede que cuando lo contemplamos sólo estemos recordando.
Pensamientos
"El alma queda teñida del color de tus pensamientos. Piensa sólo en aquellas cosas coherentes con tus principios y que pueden soportar la más intensa luz del día. El contenido de tu carácter es tu elección. Día a día, lo que eliges, lo que piensas y lo que haces es en quien te conviertes. Tu integridad es tu destino ... es la luz que guía tu camino."
Heráclito.
Filósofo griego (544 AC - 484 AC)
Heráclito.
Filósofo griego (544 AC - 484 AC)
La casa de huéspedes
"Esto de ser humano, es como administrar una casa de huéspedes: cada mañana un nuevo arribo. Una alegría, una tristeza, una maldad, que viene como un visitante inesperado. Dales la bienvenida y recibe a todos aun si son un coro de penurias que vacían tu casa violentamente. Trata a cada huésped honorablmente, el puede estar haciendo espacio para alguna nueva delicia. El pensamiento oscuro, la vergüenza, la malicia recíbelos en la puerta sonriendo, e invítalos a entrar. Agradece a quien sea que venga, porque cada uno ha sido enviado como un guía del más allá."
Jalal ad-Din Rumi
Maestro sufi (1207 - 1274)
jueves, 20 de septiembre de 2007
El símbolo
- Maestro, he analizado su traje: cada prenda tiene un profundo significado. Pero hay un detalle que no he podido interpretar. ¿Qué significa su cinturón?
- Significa que los pantalones no se me caen.
Alejandro Jodorowsky
El tesoro de la sombra.
- Significa que los pantalones no se me caen.
Alejandro Jodorowsky
El tesoro de la sombra.
Silencio
Desde hace un tiempo me estoy dando cuenta de que no me gusta el silencio tanto como pensaba.
Estoy orgulloso de decir que hace poco he conseguido apuntarme a un gimnasio y que además voy con frecuencia. Esto es un logro para mí ya que eso de ponerme a levantar pesas en una máquina siempre me ha hecho sentir un poco hámster.
En fin, pues que el otro día me dí cuenta de que allí nadie habla. Hay música ambiental, se oye el ruido de las máquinas de hacer pesas y demás, pero... ¡nadie hablaba!
Todos estaban concentrados en sus ejercicios, con auriculares en los oídos oyendo la radio, algún tipo de música... ¡pero nadie hablaba con el vecino de al lado!
En ese momento me sentí como Jose Luis López Vázquez en "La cabina" o como en alguna de esas películas de terror donde al levantarte una mañana te encuentras con que eres la única persona del mundo y los demás se han convertido en zombies o han desaparecido.
Hice un par de comentarios en voz alta a la vecina de la máquina de la izquierda, que no llevaba auriculares, pero ni me miró siquiera. Me acerqué a un musculitos que había en otra máquina para preguntarle si iba a seguir con la máquina en la que estaba y se levantó y se fué sin decir ni una palabra.
Entonces empecé a ponerme nervioso.
Por suerte en ese momento ví a uno de mis compañeros de piso, le saludé y me preguntó que cuándo había venido, que no me había visto. Respiré aliviado:
¡Un ser humano normal!
Estuvimos charlando un rato sobre todo un poco y de vez en cuando yo levantaba la voz y hacía algún comentario que podía dar pie a que hablara alguien de la sala, pero la gente seguía sin mirarnos.
Entonces me estuve fijando en aquellos que estaban en la sala y que por sus apariencia debían pasar mucho tiempo allí. Empecé a sentir lástima al pensar que después de salir del trabajo podían pasar allí horas y horas sin hablar con nadie, sin pensar más que en marcar uno u otro músculo mirándose al espejo.
¡Me dieron ganas de salir corriendo y no volver!
La situación me recordó mucho a lo que ocurre en el metro, donde todo el mundo está o bien mirando sus zapatos o el techo (¡que digo yo qué tendrá de interesante el chicle pegado en el suelo del vagón!), oyendo música o leyendo.
Es lo que más me llamó la atención al venir a vivir a Madrid, y es algo a lo que todavía no me he acostumbrado del todo.
Supongo que mañana iré al gimnasio otra vez si las cervezas que me tome con los amigos después del trabajo me lo permiten, ¡faltaría más!.
Aunque me he marcado un reto: ¡tengo que hacer hablar a alguien como sea! ¡aunque tenga que colgarme del techo como un mono y dar aullidos!
Y yo que pensaba que era poco hablador...
Estoy orgulloso de decir que hace poco he conseguido apuntarme a un gimnasio y que además voy con frecuencia. Esto es un logro para mí ya que eso de ponerme a levantar pesas en una máquina siempre me ha hecho sentir un poco hámster.
En fin, pues que el otro día me dí cuenta de que allí nadie habla. Hay música ambiental, se oye el ruido de las máquinas de hacer pesas y demás, pero... ¡nadie hablaba!
Todos estaban concentrados en sus ejercicios, con auriculares en los oídos oyendo la radio, algún tipo de música... ¡pero nadie hablaba con el vecino de al lado!
En ese momento me sentí como Jose Luis López Vázquez en "La cabina" o como en alguna de esas películas de terror donde al levantarte una mañana te encuentras con que eres la única persona del mundo y los demás se han convertido en zombies o han desaparecido.
Hice un par de comentarios en voz alta a la vecina de la máquina de la izquierda, que no llevaba auriculares, pero ni me miró siquiera. Me acerqué a un musculitos que había en otra máquina para preguntarle si iba a seguir con la máquina en la que estaba y se levantó y se fué sin decir ni una palabra.
Entonces empecé a ponerme nervioso.
Por suerte en ese momento ví a uno de mis compañeros de piso, le saludé y me preguntó que cuándo había venido, que no me había visto. Respiré aliviado:
¡Un ser humano normal!
Estuvimos charlando un rato sobre todo un poco y de vez en cuando yo levantaba la voz y hacía algún comentario que podía dar pie a que hablara alguien de la sala, pero la gente seguía sin mirarnos.
Entonces me estuve fijando en aquellos que estaban en la sala y que por sus apariencia debían pasar mucho tiempo allí. Empecé a sentir lástima al pensar que después de salir del trabajo podían pasar allí horas y horas sin hablar con nadie, sin pensar más que en marcar uno u otro músculo mirándose al espejo.
¡Me dieron ganas de salir corriendo y no volver!
La situación me recordó mucho a lo que ocurre en el metro, donde todo el mundo está o bien mirando sus zapatos o el techo (¡que digo yo qué tendrá de interesante el chicle pegado en el suelo del vagón!), oyendo música o leyendo.
Es lo que más me llamó la atención al venir a vivir a Madrid, y es algo a lo que todavía no me he acostumbrado del todo.
Supongo que mañana iré al gimnasio otra vez si las cervezas que me tome con los amigos después del trabajo me lo permiten, ¡faltaría más!.
Aunque me he marcado un reto: ¡tengo que hacer hablar a alguien como sea! ¡aunque tenga que colgarme del techo como un mono y dar aullidos!
Y yo que pensaba que era poco hablador...
lunes, 10 de septiembre de 2007
De toros...
¿A quién le gustan los toros?
A mí personalmente no, pero entiendo a la gente a quien le gustan.
Hace ya cierto tiempo me fuí de cervezas con unos amigos del trabajo. Probablemente la excusa fuera que algún compañero se iba a otra empresa, porque últimamente parece que se va todo el mundo del proyecto. Por cierto estábamos en el bar "Los amigos", un sitio muy bueno para ir de cañas en Madrid.
No me acuerdo del motivo de la quedada y tampoco tiene importancia para lo que estoy contando.
El caso es que no sé cómo empezamos a hablar sobre la fiesta de los toros. En poco tiempo nos dividimos en dos bandos, naturalmente los que están a favor y los que están en contra.
Aunque sólo he estado una corrida de toros en mi vida cuando era niño, es un espectáculo que me impresionó profundamente. Recuerdo que la gente en la plaza no se comportaba como quien ve un partido de fútbol sino que era algo más profundo. Había respeto, incluso reverencia hacia el toro y el torero que estaba con él.
Todos sabíamos que el toro iba a morir y esperábamos de alguna manera que esa muerte mereciera la pena...
Todos sabemos que vamos a morir y esperamos que nuestra vida merezca la pena, que nuestras vicisitudes, tanto las buenas como las malas, sean algo único.
Como una fotografía que a pesar de mostrar un niño que muere de cáncer tiene cierta belleza trágica, o como esa otra de un anciano que a pesar de su decrepitud muestra en sus ojos toda su sabiduría vital y todas las aventuras de su juventud...

No importa de lo que habláramos, si de toros o de cualquier otra cosa, porque todos sentimos que nuestra opinión era aceptada por los demás.
Que podíamos estar o no de acuerdo, pero que todos apreciábamos nuestros sentimientos y que por encima de todo éramos unos buenos amigos disfrutando de la buena cerveza.
A mí personalmente no, pero entiendo a la gente a quien le gustan.
Hace ya cierto tiempo me fuí de cervezas con unos amigos del trabajo. Probablemente la excusa fuera que algún compañero se iba a otra empresa, porque últimamente parece que se va todo el mundo del proyecto. Por cierto estábamos en el bar "Los amigos", un sitio muy bueno para ir de cañas en Madrid.
No me acuerdo del motivo de la quedada y tampoco tiene importancia para lo que estoy contando.
El caso es que no sé cómo empezamos a hablar sobre la fiesta de los toros. En poco tiempo nos dividimos en dos bandos, naturalmente los que están a favor y los que están en contra.
Aunque sólo he estado una corrida de toros en mi vida cuando era niño, es un espectáculo que me impresionó profundamente. Recuerdo que la gente en la plaza no se comportaba como quien ve un partido de fútbol sino que era algo más profundo. Había respeto, incluso reverencia hacia el toro y el torero que estaba con él.
Todos sabíamos que el toro iba a morir y esperábamos de alguna manera que esa muerte mereciera la pena...
Todos sabemos que vamos a morir y esperamos que nuestra vida merezca la pena, que nuestras vicisitudes, tanto las buenas como las malas, sean algo único.
Como una fotografía que a pesar de mostrar un niño que muere de cáncer tiene cierta belleza trágica, o como esa otra de un anciano que a pesar de su decrepitud muestra en sus ojos toda su sabiduría vital y todas las aventuras de su juventud...

No importa de lo que habláramos, si de toros o de cualquier otra cosa, porque todos sentimos que nuestra opinión era aceptada por los demás.
Que podíamos estar o no de acuerdo, pero que todos apreciábamos nuestros sentimientos y que por encima de todo éramos unos buenos amigos disfrutando de la buena cerveza.
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