lunes, 10 de septiembre de 2007

De toros...

¿A quién le gustan los toros?

A mí personalmente no, pero entiendo a la gente a quien le gustan.

Hace ya cierto tiempo me fuí de cervezas con unos amigos del trabajo. Probablemente la excusa fuera que algún compañero se iba a otra empresa, porque últimamente parece que se va todo el mundo del proyecto. Por cierto estábamos en el bar "Los amigos", un sitio muy bueno para ir de cañas en Madrid.

No me acuerdo del motivo de la quedada y tampoco tiene importancia para lo que estoy contando.

El caso es que no sé cómo empezamos a hablar sobre la fiesta de los toros. En poco tiempo nos dividimos en dos bandos, naturalmente los que están a favor y los que están en contra.

Aunque sólo he estado una corrida de toros en mi vida cuando era niño, es un espectáculo que me impresionó profundamente. Recuerdo que la gente en la plaza no se comportaba como quien ve un partido de fútbol sino que era algo más profundo. Había respeto, incluso reverencia hacia el toro y el torero que estaba con él.

Todos sabíamos que el toro iba a morir y esperábamos de alguna manera que esa muerte mereciera la pena...

Todos sabemos que vamos a morir y esperamos que nuestra vida merezca la pena, que nuestras vicisitudes, tanto las buenas como las malas, sean algo único.

Como una fotografía que a pesar de mostrar un niño que muere de cáncer tiene cierta belleza trágica, o como esa otra de un anciano que a pesar de su decrepitud muestra en sus ojos toda su sabiduría vital y todas las aventuras de su juventud...


No importa de lo que habláramos, si de toros o de cualquier otra cosa, porque todos sentimos que nuestra opinión era aceptada por los demás.

Que podíamos estar o no de acuerdo, pero que todos apreciábamos nuestros sentimientos y que por encima de todo éramos unos buenos amigos disfrutando de la buena cerveza.

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